| I pupi palermitani |
martes, 28 de mayo de 2013
El sol de Sicilia
Desde que llegué a Sicilia, me enamoré. Fue el 12 de junio de 1991 que pisé el aeropuerto de Catania rumbo a Messina. Claro, ese día era muy especial para mí, iba a conocer la ciudad de mi abuelo, de mi querido abuelo Giuseppe Bellinghieri, quien como tantos tomó un barco en Génova y llegó a Buenos Aires con una valijita de cartón...sin embargo, el abuelo nunca más nombró a su tierra. Y nunca más regresó. Solamente le brotaban las lágrimas escuchando a Carlo Buti, Beniamino Gigli, Caruso, Tito Schipa...Yo era chiquita y me sentaba a su lado a escuchar esa música...y así comencé a cantar todas las canciones y a aprender sola italiano...El abuelo nunca supo que yo estuve en su tierra, pero cada paso que recorro lo hago con su recuerdo...como cuando yo tenía 10 años y lo esperaba en la vereda de mi casa, -en Chivilcoy- porque venía el abuelo a sacarle punta con su cortaplumas a mis amados lápices Faber Castell, siempre con su traje marrón y su sombrero...Cuando se jubiló, dijo: "Me voy a compar un auto", y yo le dije, "los abuelos no andan en auto". "Tenés razón, chiquita" respondió. Y nunca manejó. Yo lo amaba
Gracias abuelo porque sin decir una palabra, supiste demostrar el amor de la mejor manera.
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